Un presente invadido por el individualismo, la inseguridad y el desencanto

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Son las 07:48 del Martes, 10 de Febrero del 2026.
Un presente invadido por el individualismo, la inseguridad y el desencanto

 

Por Isabel Castañeda

 

Los acontecimientos más recientes corroboran estos tres puntos.

Todos somos conscientes de que, desde la llegada de Trump al poder, el mundo ha sufrido una transformación impensable hace poco tiempo.

Hay una corriente de miedo al futuro debido a la incertidumbre y la inestabilidad a todos los niveles.

Si quien está al mando de la nave no lo hace con una carta de navegación, sin tener en cuenta las leyes de la naturaleza, ni las normas necesarias para organizar la tripulación, el caos está servido y el barco irá a la deriva.

Cunde el pánico y se impone un "sálvese quien pueda" y ya tenemos el individualismo implantado.

También es evidente que hay un amplio sector que vive en la precariedad, lo que produce una sensación de desencanto.

El terreno ya está abonado para la manipulación con falsas creencias, teorías conspirativas y prejuicios que corrompen nuestra inteligencia, distorsionan nuestra memoria, sesga nuestro juicio y nos vuelven vulnerables.

Se hace oportuno, una vez más, citar las palabras de la pensadora y filósofa Hannah Arendt:

Cuando no hay una brújula que señale hacia dónde debemos ir, hablamos de crisis de la ética, una crisis que tiene como una de sus causas la desaparición de la confianza

Es grave porque la confianza es el pegamento que une a las personas y a estas con las organizaciones que sostienen la vida social. Es la que fomenta el sentido de la responsabilidad que a su vez empuja hacia una vida mejor para todos.

La sociedad está dividida. Hablando aparentemente de lo mismo (injusticias, desigualdades, intolerancia, violencia...), cada parte defiende su terreno y sus ideas, lo que invita a renunciar al entendimiento mutuo para ir directamente a la confrontación.

Es necesario recuperar el sentido de las virtudes éticas o cívicas para implantarlas en nuestras vidas"

Debemos defender los derechos humanos, tratados, constituciones y códigos. Pero no con declaraciones ampulosas, sino con comportamientos y actitudes prácticas, porque es lo que está fallando.

Isabel Castañeda