Madonna y Cristina García Rodero: Confessions II

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Son las 21:17 del Jueves, 15 de Octubre del 2026.
Madonna y Cristina García Rodero: Confessions II

 

Por Marcelino Mora González

 

El pasado 3 de Julio, la Reina del pop, volvió con la segunda parte de Confessions on a dance floor. Veinte años después del álbum original y lanzarse a conquistar la música de baile, desafiar a la industria y reconciliarse con el paso del tiempo, Madonna ha vuelto para contar lo que queda cuando la música deja de sonar. 

Cómo si de la fotografía "Confesión" de 1980 tomada por Cristina García Rodero se tratase, Madonna nos habla a través de 16 canciones de sus heridas, el paso del tiempo y los lugares y personas que ya no están pero que aún viven en sus entrañas... Es un álbum concebido para escuchar de principio a fin, sin cortes, como si de una sesión de Dj se tratase. Está pensado para ir reinventándose con el paso del tiempo, como si de la propia artista se tratase. Prueba de ello, son las múltiples versiones, ediciones, instrumentales, remixes, colaboraciones y presentaciones que está teniendo en apenas unas semanas.

Como detalle técnico, simplemente mencionar que este álbum, al igual que ocurriera con la primera parte, está producido por Stuart Price y que toma como referente la música de los 2000, década en la que fue publicado el primer volumen cuyas reminiscencias eran la música de baile de los 80. 

Más allá de hacer una mera review del álbum, y aprovechando que hacía bastante tiempo que no escribía por aquí, me gustaría establecer algunos paralelismos del álbum con la fotógrafa más insigne de esta localidad: Cristina García Rodero.

El primer paralelismo, y el más evidente, es la confesión:  En la fotografía anteriormente mencionada, Confesión, podemos observar a una mujer (quizás de la edad actual de Madonna) confesándose. Para los que son católicos, la confesión es el acto de reconocer los propios pecados ante Dios con el fin de recibir el perdón y la reconciliación. Madonna se confiesa a lo largo de todo el álbum contando diferentes reflexiones y vivencias a través de sus canciones, pero dedica una canción a reconocer sus pecados: "My Sins Are My Savior". En esta pista, Madonna reconoce sus pecados sí, pero no para redimirse ni para disculparse de los juicios externos, sino para todo lo contrario: reivindicarlos y reafirmarse en ellos, ya que sus transgresiones o pecados, como los llamarían los moralistas, le permitieron liberarse de los prejuicios de la sociedad, y le ayudaron a sobrevivir, convirtiéndola en quien es a día de hoy. Al igual que ocurre con la mayoría de las pistas del álbum, hay autorreferencias y alusiones culturales escondidas. En este caso, a Belle de jour y al Marqués de Sade.

¿Diferirán los pecados de la reina del pop de una mujer de Saavedra (Lugo) de los años 80?

El segundo paralelismo es el lugar: "Danceteria". Allí, en aquella mítica discoteca del Nueva York de los 70 y 80s, Madonna empezó a dar sus primeras actuaciones. Fue el punto de encuentro de jóvenes artistas y músicos que se encontraban noche tras noche para mostrar sus creaciones. Es una vuelta no sólo al lugar físico de aquel lugar ya desaparecido, sino a aquella Madonna que aún no se había hecho un nombre y tenía todo por explorar. 

En la obra de García Rodero, se puede observar como la fotógrafa vuelve varias veces a las celebraciones y lugares con el fin de plasmar la esencia e identidad del lugar, tal y como ocurre con la Romería del Cristo del Sahúco en Peñas de San Pedro en Albacete. 

El tercer paralelismo es la fragilidad humana. Cristina García Rodero ha plasmado diversas tradiciones españolas en su obra con festividades que muestran la vulnerabilidad de las personas. Procesiones donde las miradas reflejan el miedo, la muerte, el paso del tiempo o el sufrimiento dentro de contextos rituales y festivos. 

En la canción Fragile, Madonna rememora a su hermano, Christopher Ciccone. En ella, la reina del pop se viste de luto y se ve totalmente vulnerable ante la muerte y la pérdida.

Cómo último paralelismo, y a modo de conclusión, quizás las fotografías de Cristina García Rodero sirvan para salvar del olvido las tradiciones y costumbres populares de aquella sociedad que un día fuimos y que hoy queda tan lejos; mientras que Madonna vuelve a la pista de baile para salvar del olvido a la mujer que un día fue. Y tal y como reza el último verso del álbum (y de la canción L.E.S. Girl) "Everything fades away", "todo se desvanece"... 

No sabemos si dentro de 20 años, en 2046, tendremos un Confessions III donde una Madonna de 88 años reivindique esta era o, por el contrario, todo se habrá desvanecido como la memoria en el olvido... 

Marcelino Mora
Foto: Vía X