
Como estoy muy cerca de cumplir los noventa, no cuento los años tanto como los encuentros.
He sido estudiante mucho más tiempo que profesor, y profesor sólo porque la vida insistió. Me dediqué no a buscar la fama, no a perseguir posesiones, sino al servicio: servicio a través de la escucha, a través del aprendizaje, a través de la tranquila disciplina de ir allí donde me necesitaban.
Mi vida me llevó a cinco continentes y a una docena de países, pero lo que es más importante, me llevó hasta los corazones humanos. Conocí a monjes y cabezas de familia, a científicos y buscadores, a artistas y escépticos, a niños y mayores; cada uno de ellos fue un espejo, cada uno de ellos fue una lección. Aprendí que la sabiduría no pertenece a la geografía, al idioma ni a la edad. La sabiduría aparece dondequiera que habite la sinceridad.
Fui testigo de que las tradiciones conversan con la modernidad, el silencio habla más fuerte que la doctrina y el sufrimiento se mitiga con la comprensión. Vi el yoga no como posturas, sino como una relación; no como una clase magistral, sino como cuidado y atención. Si algo ofrecí, fue presencia. Si algo recibí, fue gracia, una y otra vez, a menudo disfrazada de días normales y corrientes.
Ahora, cerca de los noventa, mi cuerpo se siente frágil, como un viejo manuscrito cuyas páginas deben pasarse con suavidad. Pero la tinta no se ha desvanecido. La intención se mantiene firme: servir siempre que sea posible, bendecir donde sea invitado y permanecer curioso hasta el final.
Si mi viaje me ha enseñado una verdad, es esta: una vida dedicada a conocer a las personas es una vida que nunca envejece; sólo crece más profundamente.
Mañana, no celebraré la supervivencia: celebraré la conexión. Celebro que se me haya permitido caminar por este largo, amplio e increíble camino.
Y me inclino, en silencio y con gratitud, ante todos aquellos que caminaron unos pasos conmigo.
Harold Sequeira
Maestro de Yoga en The Yoga Institute de Bombay (India)
Fotografía: Harold Sequeira en el Instituto de Yoga de Bombay
Traducción: Juan Felipe Molina