El Kriya Yoga es una técnica de ritmo medio especialmente indicada para el progreso de las mentes inquietas e inestables. Esta práctica recomienda trabajar el cuerpo, la mente y el alma, lo cual también es válido para quienes tengan un anhelo más espiritual, podríamos decir que para los místicos en ciernes.
Por establecer un símil, podríamos comparar la mente humana con el mercurio, cuya naturaleza es el movimiento. La física nos dice que, al solidificarlo, el mercurio se estabiliza, para lo que requiere el genio de un “maestro químico”. La estabilización de la mente es obviamente un proceso largo y, por tanto, no se puede detallar sin explicar el largo proceso de unión, lo cual transciende el objetivo de este breve artículo, aunque sí daremos algunas pinceladas.
¿Cuál es el proceso para conectar la mente con el alma? Hemos de comenzar con el cuerpo, y en este punto el entrenamiento psicofísico que proporciona el Yoga nos permitirá lograr que el cuerpo se aquiete:
La mente tranquila reposa entonces en el alma, y el alma reposa en Dios mediante Samadhi, un estado por el que el místico trabaja y se empeña con devoción para alcanzarlo.
Así lo enseñaba San Ignacio de Loyola, quien mediante sus ejercicios espirituales (nacidos de su experiencia personal en la búsqueda de Dios) formó a los jesuitas para convertirlos en los mejores maestros del mundo. No olvidemos que la relación con el cuerpo es una parte importante en la espiritualidad ignaciana y que, al igual que en el yoga, el cuerpo es espacio e instrumento de conexión con lo divino. Esta educación del yoga es, tal como proponemos y enseñamos en el Instituto de Yoga de Bombay, la mejor preparación tanto para el individuo común como para el buscador espiritual.
Patanjali nos ofreció en sus Yoga Sutra un proceso triple para engrasar nuestro ser interior y prepararlo para afrontar también los males de la desgracia. El concepto de tapas (la autodisciplina y la austeridad que promueven la fortaleza) nos forja en el yunque de metal al fuego. De este modo el yogui está preparado para afrontar las tormentas de la vida.
No se trata solo de trabajo corporal, se necesita también habilidad para controlar la mente, un campo de actuación para el que Patanjali, una vez más, nos abre el camino de la introspección, la indagación y el autoconocimiento psicológico.
En ese camino hacia lo místico y misterioso, el triple proceso que nos enseña Patanjali (la práctica combinada de Dharana –concentración-, Dhyana –meditación- y Samadhi –unión o absorción-) aplicado con sabiduría, nos lleva a sublimar los instintos salvajes y convertirlos en percepciones sabias. Posteriormente, Dios mismo guiará el alma, junto con el gurú.
Harold Sequeira
Maestro de Yoga en The Yoga Institute de Bombay (India)
Ilustración: Harold Sequeira
Traducción y edición: Juan Felipe Molina