Historia de la vida de Shri Yogendraji

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Son las 01:40 del Lunes, 20 de Abril del 2026.
Historia de la vida de Shri Yogendraji

 

EN EL PRINCIPIO

Allí estaba Mani, un estudiante universitario de 18 años en el St. Xavier´s College de Bombay, cuando su compañero de habitación le pidió que le acompañara a una fiesta de cumpleaños en Madhavhag. A regañadientes, aceptó.

Al llegar, pasaban ante el salón de actos cuando Mani se detuvo en la entrada. Y entonces Paramahansa Madhavdasji, el gran yogui y guru, interrumpió el discurso de satsangh que allí estaba pronunciando, se levantó y caminó hacia la puerta. Se acercó hasta Mani, lo abrazó y le dijo: “'¿Dónde estuviste? Te he estado esperando durante cien años”. Paramahansa Madhavdasji, que tenía entonces 118 años, condujo a Mani, para total sorpresa de éste, hasta el piso inferior, le pidió que se sentase en una postura meditativa, colocó sus manos sobre la cabeza del joven y entonces hizo que ascendiese su energía. ¡Una ola de gracia espiritual extática inundó a Mani y éste entró en trance!

Una hora más tarde, Paramahansa Madhavdasji regresó. Volvió a colocar sus manos sobre la cabeza de Mani, lo devolvió a la conciencia normal y le preguntó en voz baja: “‘¿Y ahora qué?”. Mani, totalmente despierto y consciente, respondió: “Te sigo”. El resto es historia.

SU HISTORIA…

Tal como le contó al humilde discípulo que estas líneas escribe, Mani siguió los pasos del maestro. Allí donde fluye tranquilamente el sereno Narmada, uno de los siete ríos sagrados de la India, Paramahansa Madhavdasji le fue enseñando una palabra, una práctica cada vez, enseñanzas que a menudo duraban tres horas. Y entonces los siddhis (poderes supramentales) derramaron sus secretos dorados del espíritu, despertando en el joven Mani un poder aún desconocido.

LA MISIÓN

“Ve y enseña yoga a los cabezas de familia”, le dijo Paramahansa Madhavdasji a Mani.

Mani preparó un plan maestro. Convirtió en fácil lo difícil y, de este modo, fue creciendo la pirámide de su conocimiento, colosal en tamaño, pero levantada piedra a piedra.

Así creció Mani hasta convertirse en Yogendra, es decir, “el maestro supremo Indra” en forma humana.

TRES AÑOS A LOS PIES DEL MAESTRO

Tras sus años de formación con el maestro Paramahansa Madhavdasji, Mani (ahora Yogendra) comenzó su peregrinación hacia lo desconocido. Con el paso del tiempo, alcanzó la cumbre del reino espiritual. Fue tan grande como Mahatma Gandhi, pero sencillo, discreto, sin parafanelias de grandeza ni ostentación alguna.

Él fue un hombre sencillo, que se puso al nivel de los más humildes como yo y derramó su amor y sus bendiciones a las almas sedientas, perdidas en el desierto de la vida. Almas que, como barcos sin rumbo, se enfrentan a las tormentas de la existencia.

Él nos hizo fuertes en cuerpo-mente-alma. Fue un gigante entre los hombres, un líder por excelencia, el hombre de Dios aquí en la Tierra. Fue un ser noble. Fue un gran yogui.

Harold Sequeira

Maestro de Yoga en The Yoga Institute de Bombay (India)

Ilustración: retrato de Shri Yogendraji pintado por Harold Sequeira

Traducción del inglés: Juan Felipe Molina