Hace 50 años, el doctor Dugall, de la ciudad de Abhohar, en el estado indio de Punjab, vino a The Yoga Institute de Bombay para realizar un curso de educación de yoga. En la primera sesión le pidieron que se sentara en sukhasana y permaneciera quieto. Esa noche le escribió una carta a su padre: “Querido padre: he viajado dos días en tren para venir aquí y aprender a sentarme. Ojalá alguien me hubiera enseñado esto en Abhohar. Me habría ahorrado tiempo, dinero y energía.”
Eso es todo: sentarse quieto. La primera lección en la educación de yoga, y que desarrollarás durante años. Buda se sentó en una postura meditativa similar hasta que alcanzó la iluminación. Imaginemos ahora a los millones de niños matriculados en las escuelas aprendiendo a sentarse en silencio, a reflexionar meditativamente, a estabilizarse, a mejorar la atención plena, a aumentar su capacidad de concentración, a despertar un yo interior que les permita obtener conocimiento empírico a partir de cada una de sus acciones. Sin duda estaríamos ante una evolución superior de estudiantes, algo que la actual generación alfa espera lograr.
Pues, ¿qué es la educación? ¿Es acaso aprender de memoria o aprender de carrerilla, como decimos en India? ¿En verdad es simplemente este mecánico, aburrido y retrógrado proceso que tiene tan poco sentido? Así fue en un país como India, rico en educación pero arruinado por la burocracia británica, que sólo quería producir en masa empleados “mecanizados” para dirigir su administración… “Formen esclavos”. Y, por inercia, continuamos con esa educación que destruye la mente y el alma. Porque la educación no consiste sólo en introducir datos y más datos en la cabeza del estudiante. La educación debería propiciar el despertar del ser interior que hace brillar la mente (véase Yoga sutra 2.28, Jnana Diptera, donde Patanjali nos asegura que el alma también participará en promover tu educación).
En esas estábamos cuando el doctor Jayadeva Yogendra, director del Instituto de Yoga (una mente prodigiosa y un gran yogui) acudió a las fuentes para dar en ellas con la solución perfecta. En el Samkhya Karika y en los Yoga Sutras encontró el concepto clave: los bhavas. Un verdadero tesoro sobre el cual, colocando ladrillo a ladrillo, se puede construir toda la pirámide de la educación. Nosotros, los sadhakas, pusimos nuestro granito de arena y trabajamos en los detalles necesarios para planificar el proceso educativo, desde los 8 años de edad escolar hasta la educación universitaria. Potencialmente, el doctor Jayadeva y los bhavas sentaron las bases de una poderosa educación complementaria. A continuación sería necesario poner a funcionar la voluntad para recorrer el camino descrito.
Dharma, así como los restantes bhavas (Jnana, Aisvarya y Vairagya) han sido ampiamente estudiados, explicados y ejercitados en el Instituto de Yoga de Bombay desde que el doctor Jayadeva los pusiera en la primera línea de interés para el desarrollo integral del ser humano. Dharma, la piedra clave para encontrar tu dirección en la vida, cumplir con tu deber, cuidarte, lograr estabilidad y equilibrio en todo lo que haces, actuar con rectitud, ayudar a los débiles y a quienes tienen menos capacidad, para sentar las bases de una personalidad poderosa, fuerte y justa.
Las enseñanzas de nuestros sabios, a lo largo de la historia del yoga, nos proporcionan un excelente sustento para nuestro sistema educativo. Esa sabiduría, antigua pero eterna, tiene en la actualidad no sólo vigencia sino también operatividad; capacidad de dar satisfacción a las necesidades de tantos jóvenes desesperados, que sufren y se encuentran perdidos, que no hallan su lugar y a veces incluso ansían terminar con sus vidas. Son tragedias que pueden evitarse con un toque de educación de yoga. Con la visón clara de este compromiso, en The Yoga Institute se han impartido durante décadas clases regulares para todas las edades, se han formado instructores, se han editado libros, se han realizado innumerables seminarios y se han formado profesores de países extranjeros, muchos de ellos españoles. Todo un trabajo evolutivo, necesario y demandado en la educación de yoga.
El doctor Dugall estaría encantado. Tras aprender su práctica de quietud sentado en una postura meditativa, regresó a casa y aplicó los programas de educación del yoga en las escuelas donde impartió clases. Este maravilloso sadhaka, con quien compartí experiencias y trabajo, elogió a The Yoga Institute por su labor pionera en la educación del yoga. Una educación que hace aflorar lo mejor del individuo trabajando la atención plena y aumentando la capacidad de concentración.
Harold Sequeira
Maestro de Yoga en The Yoga Institute de Bombay (India)
Traducción y edición: Juan Felipe Molina
Fotografía: Rui Dias