El yoga es una práctica milenaria cuyos orígenes se remontan a hace más de 5.000 años. De modo que la evolución de su enseñanza ha tenido que pasar por sucesivas etapas a lo largo de tan dilatada historia. Si observásemos el yoga hoy en día con una visión caleidoscópica, comprobaríamos que cada giro del caleidoscopio nos ofrece una nueva perspectiva. Salud, bienestar, gestión del estrés, desarrollo de la fuerza física y mental o alimentación saludable son temas que, entre otros muchos, emergen en el panorama de la enseñanza y la práctica del yoga en la actualidad.
Se estima que hay unos 300 millones de practicantes de yoga en todo el mundo, con un aumento anual del 7% al 8%. En España, según una investigación realizada por una conocida marca de material deportivo, más de 5.616.000 personas practican yoga semanalmente, lo que representa el 12% de la población del país.
Resulta difícil calcular el número de centros de yoga existentes, pues son pocos los que están bien asentados pero muchos los que aparecen, crecen o desaparecen como setas. Según algunas estaísticas, en España puede haber actualmente entre 3.000 y 4.000 centros donde se enseña yoga. Y aunque miles de nuevos profesores se incorporan cada año a la enseñanza de esta disciplina, mantener los centros de yoga resulta cada vez más insostenible, ya que los alquileres, los gastos administrativos, los impuestos, etc, aumentan exponencialmente.
La situación no es fácil para todos. Por ejemplo, algunos municipios de Cantabria ofrecen espacios a los nuevos profesores a cambio de una tercera parte de las tarifas, dejando a los profesores más veteranos sin alumnos. De modo que nuestros profesores sénior, algunos con 45 años de experiencia, se encuentran desempleados en el ámbito del yoga.
Parece clara la necesidad de una reinvención de la profesión docente en el mundo del yoga. Pero no existe una solución fácil. Para los estudiantes, hay muchas opciones y no siempre logran decidir qué buscar ni cómo acertar con su elección. Una investigación realizada en el Instituto de Yoga de Bombay hace años reveló que el 80% de los estudiantes asistían a las clases por motivos de salud, el 15% lo hacían por la simple curiosidad de aprender algo nuevo, entre el 3% y el 4% tenían un interés general en la espiritualidad y sólo el 1% buscaba una espiritualidad profunda.
Es cada vez más habitual encontrar a personas que comienzan su práctica del yoga por recomendación médica, para aliviar o mejorar una amplia variedad de dolencias para las que la ciencia médica moderna encuentra un buen aliado en el yoga. Hace sólo tres años la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó sus primeras recomendaciones para mejorar la salud mental en el trabajo y entre ellas aconsejaba la práctica del yoga o de la meditación para reducir el estrés. No en vano la OMS reconoce los múltiples beneficios del yoga para la salud y la prevención de enfermedades: mejora de la salud física, reducción del estrés y la ansiedad, mejora del estado de ánimo y la calidad del sueño, promoción del bienestar mental, práctica inclusiva y accesible para todas las edades y condiciones físicas o complemento útil en el manejo de enfermedades crónicas como la hipertensión, la diabetes y el dolor crónico, entre otros.
Con un panorama así, el cambio para mejorar el estilo de vida, promover la salud y atender a la dimensión espiritual a través del yoga constituye un campo de actuación tan amplio y caleidoscópico, como decíamos al principio, que las oportunidades de promoción personal con un enfoque integral resultan claramente motivadoras.
Harold Sequeira
Maestro de Yoga en The Yoga Institute de Bombay (India)
Traducción y edición: Juan Felipe Molina
Fotografía: clase de yoga en The Yoga Institute de Bombay en www.theyogainstitute.org