¿Soy dueño o esclavo de mis posesiones?

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Son las 15:13 del Miércoles, 10 de Junio del 2026.
¿Soy dueño o esclavo de mis posesiones?

 

“No eres dueño de tus posesiones; tus posesiones te poseen a ti.”

Dr. Jayadeva Yogendraji

Puede que alguien lea la afirmación anterior y, al principio, se resista a aceptarla. “¿Cómo puede ser?”, se preguntará. “Trabajé duro, gané dinero, compré mi casa. Los papeles están a mi nombre. Sin duda, yo soy el dueño.”

Sin embargo, si miramos más allá —a través de la lente de la filosofía Sāṁkhya (que es la base filosófica del yoga) y de la simple experiencia vital— la verdad se revela silenciosamente.

¿Posesión o apego?

Cuando adquieres una casa por primera vez, experimentas un sentimiento dealegría. Surge una sensación de seguridad, de identidad y logro. Te dices con orgullo: “Esto es mío.”

Pero, poco a poco, algo muy sutil va sucediendo: empiezas a preocuparte por el mantenimiento de la casa; piensas en las reparaciones; te intranquilizan los impuestos; te desvelan la seguridad y el estatus que has de mantener; comparas tu casa con las de tus vecinos y amigos; te inquieta que se deteriore; incluso temes perderla... Lo que al principio era simplemente un objeto que te pertenecía comienza a ocupar toda tu mente. Tu tiempo, tu energía y tus pensamientos están volcados en tu posesión.

En términos de Sāṁkhya, esto es prakṛti (la materia) influyendo en puruṣa (la conciencia pura) a través del apego (rāga).

La transformacion: de dueño a sirviente

Observa con atención: limpias tu casa a diario, organizas tu vida en torno a sus necesidades, trabajas más para mantenerla, dudas si viajar o simplificar tu vida por culpa de la casa que has de conservar.

Ahora hazte la siguiente pregunta: ¿quién sirve a quién? La casa no se preocupa por ti, pero tú te preocupas por la casa.

Tu propiedad comienza a dictar tus decisiones. Moldea tu estilo de vida, tus prioridades, incluso tus relaciones.

Y así, sin arte cuenta, el dueño se convierte en el cuidador, casi en un sirviente.

La atadura psicológica

No se trata de la casa física, sino de la propiedad mental. De una atadura que se manifiesta en conceptos como “Mi casa”, “Mi estatus”, “Mi seguridad”. Y estas ideas crean una sutil cadena, una (a menudo) inconsciente dependencia. Incluso estando lejos, tu mente vuelve a la propiedad: “¿Estará todo bien en la casa?”; “¿Y si algo malo sucede?”; “¿Debería reformarla, venderla...?”

De este modo, la propiedad vive más en tu mente que tú en ella.

La identificación errónea

Según la filosofía Sāṁkhya:

  • Tú eres conciencia pura (puruṣa)
  • Los objetos y propiedades que posees pertenecen a prakṛti (la materia)
  • La confusión surge cuando el Ser se identifica con las posesiones materiales.

Tú dices: “Yo soy el dueño.” Pero, en realidad, deberías decir: “Soy el testigo que observa, y que está temporalmente asociado con los objetos que tengo.”

Cuando se produce esa identificación errónea, que consiste en confundir tu verdadera naturaleza con los objetos materiales transitorios, entonces sobreviene el sufrimiento.

La sabiduría del día a día

Esta enseñanza del “Soy el testigo que observa, y que está sólo temporalmente asociado con los objetos materiales que poseo” no te pide que abandones tu hogar, sino que cambies tu relación con él.

Una persona que quiera usar esta sabiduría en medio del mundo material bien puede decirse:

  • “Esta casa es un recurso, no mi identidad.”
  • “La cuido, pero no estoy atado a ella.”
  • “La uso, pero no soy usado por ella.”

Una persona así, mantiene la casa, pero conserva su mente libre.

Señales de que tus posesiones te poseen a tí

Reflexiona con calma sobre lo siguiente:

  • ¿Siento ansiedad por mis posesiones?
  • ¿Limitan mi libertad?
  • ¿Definen mi valía?
  • ¿Paso más tiempo pensando en ellas que en mi vida interior?

Si la respuesta es sí, la afirmación del doctor Yogendraji se convierte en una verdad viva.

Libertad dentro de la posesión

La verdadera libertad no reside en renunciar a las posesiones externamente, o sólo en apariencia, sino en renunciar al apego interno hacia ellas.

Puedes vivir en un palacio y seguir siendo libre. O vivir en una choza y seguir atado.

La clave es:

  • Usar sin apego
  • Cuidar sin ansiedad
  • Poseer sin ser poseído

Reflexión final

La casa física (el objeto material) está hecha de ladrillos.

Pero “la idea” de la casa se construye en la mente.

Rompe la idea, no la casa.

Entonces descubrirás que nunca fuiste poseído: tan sólo estabas atrapado y confundido

Y en esa claridad, la casa vuelve a su lugar legítimo: un refugio para el cuerpo, no un amo del alma.

 

Harold Sequeira

Maestro de Yoga en The Yoga Institute de Bombay (India)

Ilustración: Harold Sequeira

Traducción y edición: Juan Felipe Molina