Vairagya nos dice:
deja marchar tus apegos
pues sólo te crean problemas.
Anne era toda una belleza
una mujer inteligente
que emanaba un aura embriagadora.
Hermes se enamoró de ella
pero Anne le advirtió:
“No pertenezco a ningún hombre.”
Llorando por la pérdida de tan hermosa joven
Hermes fue en busca de su gurú
y, entre sollozos, le contó su historia.
Mas he aquí que el cortejo fúnebre
de un hombre apuesto pasaba por allí
un joven al que su corazón roto
había precipitado hacia una muerte prematura.
Y entonces el gurú le mostró a Hermes
cómo superar el apego
hacia la vida terrenal y sus vaivenes.
“Ve hasta aquella colina
y medita en lo inmortal
pero no en las cosas terrenales
que te azotan con su dolor”, le dijo el gurú.
De modo que allá fue Hermes
y sentado en postura estable
firme como una roca
se adentró en las profundidades
donde el alma se esconde
en las cavernas de la inmortalidad.
Día tras día tras día
Hermes quedó absorto
y al fin emergió con Vairagya
un bhava del que habló el sabio Kapila
para romper las ataduras de los sentidos
con las cosas transitorias.
Hermes reapareció libre
teniendo presente aquel cortejo fúnebre.
Harold Sequeira
Maestro de Yoga en The Yoga Institute de Bombay (India)
Traducción y adaptación: Juan Felipe Molina