Cartas desde Puertollano II

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Son las 16:15 del Viernes, 13 de Diciembre del 2019.
Cartas desde Puertollano II

Querido amigo Sullivan:

Ya suponía que muchas de las vicisitudes que te cuento sobre nuestra tierra encontrarían su semejanza en la tuya. Me dices que también allí existen ciertas rencillas entre pueblos limítrofes, entre las ciudades, entre el norte y el sur (los trabajadores del norte y los chupatintas del sur), entre Escocia e Inglaterra. Daba por sentada la ascendencia escocesa que delata tu apellido “Mcmanus”, pero ignoraba que habías nacido allí, a orillas del famoso Loch Ness con el ancestral monstruo incluido, y que tu familia se afincó en Inglaterra por motivos laborales, siendo tú aún un niño. Apenas tenía yo ocho años, cuando mi padre decidió trasladarse a Puertollano desde Almería —en aquellos tiempos, la opinión de una madre contaba para bien poco en nuestro país o, al menos, en mi casa—. Después de más de cuatro décadas, me considero puertollanero, si bien procuro no perder el contacto con mi ciudad mediterránea. “Llevo tu luz y tu olor por donde quiera que vaya”, que diría un cantante catalán. Hablando de Cataluña, cuando por aquí se habla de los catalanes… Bueno, ¡no! Mejor dejamos este tema para otro momento, si no te importa.

No sé si habrás oído hablar de ciertos cuestionarios que se están llevando a cabo en algunos países europeos (creo que en el tuyo también). Los inmigrantes tienen que contestar a una serie de preguntas en un formulario para comprobar hasta qué punto están integrados en nuestra sociedad y cultura. Pero, ¿qué define exactamente nuestra sociedad? ¿Qué rasgos culturales nos hacen diferentes a los demás?... Y si llevamos esto a expresión local, ¿qué rasgos definen al puertollanero para obtener el “carnet” de “puertollanero auténtico”? Seguramente, un buen puertollanero debe saber cuál de los cuatro caños de la Fuente Agria es el pertinente para beber agua sin necesidad de pedir la vez a los que están enjuagando y llenando las botellas para consumo doméstico. Así mismo, debe estar al tanto de hacia qué punto cardinal mira el busto del famoso Doctor Limón y qué secretos y misterios encierra este pormenor.

Obtiene más puntos el ciudadano que se queja permanentemente de la contaminación con frases tales como: “¡si es que nos van a intoxicar...!” “¡Esta mañana no se puede ni respirar en la calle!” “¡Joder, cómo se aprovechan de la niebla para soltar de `to´!” “¡Tenemos más casos de cáncer y enfermedades respiratorias que en ningún sitio!”, etc. Para luego poner ese gesto de resignación tan bien traído en circunstancias que no tienen solución posible, como diciendo: “tendrá que ser así” o ese concepto tan reiterado de “si es que Puertollano sin la refinería no sería nada”. Lo cierto es que la refinería siempre contamina en la misma medida. Nuestra percepción de esta lacra depende de la dirección de los vientos y de un fenómeno atmosférico muy común en la meseta central llamado inversión térmica, que apelmaza el aire, el polvo y la contaminación contra el suelo. En cuanto a las enfermedades, que yo sepa jamás se ha llevado a cabo un estudio epidemiológico en la comarca. No sabría decirte si por dejadez o por miedo a apechugar con los resultados.

Hay otros muchos temas recurrentes y típicamente puertollaneros, tales como augurar un futuro negro para la ciudad. Por este motivo, llevo casi cincuenta años escuchando que a Puertollano le quedan menos de diez años de vida, que se va a convertir en otro Almadén (no creo que a nuestro vecinos de Almadén les haga mucha gracia este símil). Y, ¿cómo no?, comparar a Puertollano con Ciudad Real y concluir con que Puertollano ya no es ni sombra de lo que era, y que antes no nos chuleaban tanto los de la capital. Antes teníamos más habitantes (no es cierto, si compruebas los datos oficiales), más bares que ellos, más… de todo que ellos tanto de lo bueno como de lo malo. Aquí sí que podríamos establecer un paralelismo con lo que me cuentas en tu carta sobre Inglaterra, sólo que en nuestra tierra se dice que tenemos al sur los trabajadores (Puertollano) y al norte los chupatintas —funcionarios o civil servants— (Ciudad Real). ¡Cómo me gusta vuestra manera de decir funcionario! “Civil servant” suena como si un funcionario estuviera al servicio del ciudadano.

Me parece de lo más enternecedor lo que me cuentas sobre tu niñez en Escocia. Las horas que pasabas jugando a orillas del Lago Ness y cómo imaginabas al monstruo e incluso cómo mantenías alguna conversación con él. Aquí no tenemos ningún monstruo, aunque he de confesarte que también yo mantengo alguna que otra conversación imaginaria con nuestro Monumento al Minero. Ya te dije que suelo dar largos paseos en busca de alturas desde las que observar nuestra ciudad. El sendero que lleva desde el nuestro Paseo hasta el Minero sería precioso, si no fuera porque todo su recorrido está alfombrado de botellas, latas, plásticos y todas las inmundicias imaginables. Por estos lares somos muy dados a culpar de todo a quien nos gobierna, pero creo que de esto no podemos culpar a nadie que no sea a nosotros mismos. Admitámoslo: somos un poco guarros.

Estaba atardeciendo cuando llegué al Minero y te aseguro que me pareció oírle decir: “¡Cómo me gustaría poder moverme de vez en cuando!” —se expresaba con una voz pétrea y profunda—. “Aunque sólo fuera para hundirle el cráneo a alguno de esos maleantes que me hace grafitis en las canillas”. En fin, tampoco me hagas mucho caso. Últimamente confundo el mundo real con el imaginario y siempre que se me brinda la ocasión, me quedo a vivir en éste último. Recibe, como siempre un fuerte abrazo desde Puertollano. Best wishes to you and your family!

Antonio Carmona

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