Perdón y Penitencia

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Son las 01:29 del Martes, 11 de Diciembre del 2018.
Perdón y Penitencia

En estas últimas semanas el papa Francisco ha salido al paso una vez más, de los abusos sexuales cometidos a cientos de menores por parte del clero de Pensilvania. Este hecho, no por reiterado nos deja de entristecer, escandalizar y enfurecer a los que nos educamos en su seno y que ahora navegamos en la duda.

El papa Francisco ha utilizado, como sus antecesores en otros escándalos, la vía del perdón para solventar lo que no se atrevieron a resolver por ellos mismos. Sin embargo, ahora se nos aporta como novedad el recurso a la vía penal para los clérigos pederastas. Faltaría más.

Son miles los niños y niñas que han sido abusados sexualmente a lo largo de la historia por estos “hijos de satanás” en el mundo entero. También los que fueron secuestrados en hospitales a madres sin recursos, solteras o socialmente “indeseables” para venderlos a familias de fe o de dinero. Y qué decir de los que tuvieron el dudoso privilegio de sufrir la educación sádica que durante tantos años imperó en sus avanzadas pedagogías: “la letra con sangre entra”, “ver, oír y callar”, “no cometerás actos ni deseos impuros”… 

La iglesia siempre tuvo una extraña capacidad para ir por detrás de la lógica de la sociedad y del hombre, de sus logros y anhelos. Esta lógica traidora que nos pone en contraposición con Dios y nos hace vivir pensando que “algo habremos hecho mal”. Muchos de nosotros crecimos con la amenaza de que por una u otra razón, Dios nos iba a castigar si nos dejábamos llevar por nuestras pulsiones más íntimas.

 

Que el placer más allá de la degustación de un helado de chocolate o jugar un buen partido de futbol, tenía algo de impuro y por lo tanto rechazable. Pura represión.  

¿El perdón? Lo pide Francisco como si este llevase implícito la absolución. Los mortales no somos dignos de dar o quitar perdón a los que tuvieron siempre la capacidad de condenarnos.

¿A quién tiene que pedir perdón el papa, cabeza visible e infalible de la iglesia verdadera? Verdad e infalibilidad: conjura extemporánea en momentos de información global y de libertad de pensamiento. Los mensajes se pervierten cuando lo que se pretende es la simple impunidad.

El perdón, Don Francisco, tiene que pedírselo al Todo Poderoso y atenerse humildemente a sus consecuencias. Me temo lo peor: un largo tiempo de penitencia que les permitarecuperar la credibilidad perdida. Si quiere, una nueva transición hacia el reencuentro con la esencia que les hizo nacer. 

Me pregunto, siguiendo la teología que nos inculcaron,    si ¿no sería el mismísimo satanás el que, en este caso y en tantos otros, este morando en el seno de la iglesia y tentando a sus ministros? Está escrito:

“Los que creyeren lanzaran los demonios en mi nombre”. Marcos 16, 17. ; “El mismo Satanás se transforma en ángel de luz”. 2 Corintios 11, 14-15. ;   “Simón, mira que Satanás va tras de vosotros para zarandearos como el trigo.   Lucas 22, 31 -32.; “Se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y mostrarán señales y prodigios a fin de extraviar, de ser posible, a los escogidos.Marcos 13:22.                                      

Y muchos versículos más que muestra el acecho permanente al que la iglesia se ve sometida por parte del diablo.

Los cristianos necesitamos señales de compromiso inequívoco y radical de la iglesia con sus principios y valores, con la bondad y la justicia. El diablo, Don Francisco, no tiene derecho al perdón. Este tiene  que morar en el fuego eterno. La iglesia debe depurarse del hedor nauseabundo que el diablo ha ido dejando con paso de los siglos. Por credibilidad y coherencia con su mensaje eterno pero, sobre todo, por respeto a todos esos inocentes que ya escribieron buena parte de su vida afectiva tras los tocamientos, violaciones y castigos a los que fueron sometidos en cientos de sus colegios e instituciones.      

La iglesia necesita reformas de gran calado alcanzando lo ético en su práctica y revisando doctrinas que si ya no se sostenían desde hace siglos todavía menos en estos tiempos, como por ejemplo el celibato y la incorporación de la mujer al sacerdocio. Ahora bien, no nos confundamos, el celibato en la iglesia solo tiene que ver con la represión de las pulsiones sexuales que empuja a sus siervos a la santidad y otras veces a la frustración. 

Muchos sacerdotes han satisfecho sus pulsiones naturalmente, aún pecando, en prostíbulos o en el seno de relaciones afectivas estables como y seres humanos que son. Esto, en mi opinión, es saludable y ayuda a vivir desde la perspectiva del hombre afectivamente global, integrando lo sexual de forma honesta. Esto debería ser compatible con el ejercicio del sacerdocio. 

Sin embargo, la pederastia en el seno de la iglesia no se corrige con el acceso de los sacerdotes al matrimonio. Esta afirmación es tan reduccionista como peligrosa y, en definitiva, falsa. La pederastia nada tiene que ver con el celibato. Pertenece al dominio de la perversión y la locura. Esta más en relación con la psiquiatría que con la pedagogía. Quienes la han practicado representan un peligro evidente para la sociedad y deben ser apartados del ejercicio de la educación y del sacerdocio.

 Don Francisco abandone la tibieza de Pilatos y, como Cristo en el huerto de los olivos, coja con firmeza el Cáliz que el Padre le ha confiado y hágase su voluntad. Aprópiese de la verdad que preconiza y hágala su bandera, tan noble como la sal de la tierra del hombre comprometido.

 Usted tiene la obligación de liderar esa larga penitencia y reaccionar con firmeza ante este “santo escarnio”. Por consiguiente, además de que la justicia deba castigar con cárcel a los culpables, la iglesia tiene que reaccionar aplicando su propia ley: excomunión en la tierra y más allá, el infierno. 

 

El enemigo que sembró la cizaña es el diablo.  (Mateo 13,39)

No establecido
Miguel Marset

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