El hombre imprescindible

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Son las 19:25 del Sábado, 15 de Junio del 2024.
El hombre imprescindible
En el maravilloso poema “Serás hombre” de Rudyard Kipling, hay un verso que define a las personas que son bien recibidas en todas partes por su bondad: “Si todos te reclaman y ni uno te precisa”. Este verso se puede aplicar, sin duda alguna, a Benito Ruiz García, el defensor a ultranza de las tradiciones de Puertollano fallecido el 9 de noviembre de 2023, poco antes de cumplir 80 años Fue una persona implicada a fondo y de manera altruista en la defensa de todos los aspectos relacionados con las tradiciones, fiestas y folclore de nuestra ciudad. Allí donde existía una disciplina vinculada a la historia local aparecía Benito Ruiz para rescatarla, engrandecerla y evitar así que durmiera el sueño del olvido. Lo que sigue es un abreviado repaso a su eficaz protagonismo en numerosas facetas de nuestra cultura popular, la más arraigada en la gente de la calle.
 
Su primera intervención fue en el campo del folclore, al crear, junto a Domingo Ruiz Nevado, la agrupación folclórica “Virgen de Gracia” en 1979. Esta asociación vino a potenciar la labor que ya realizaba el grupo “Enebro de Santa Ana” dirigido por Loles Porras. Desde ese momento, la nueva agrupación comenzó una andadura que no ha dejado de estar presente hasta la actualidad y que tuvo como primer presidente a Benito Ruiz, a su esposa Antonia Gascón en calidad de colaboradora destacada y como componentes a sus tres hijos: Benito, Merche y Toño. El cargo de presidente lo ejercía como todos los que desempeñaría después, aplicando un trabajo silencioso y eficaz para incentivar las cuestiones positivas y minimizar las negativas.
 
El siguiente jalón donde recala es el carnaval. A principio de los años noventa el ayuntamiento empieza a rescatar para el calendario festivo la celebración del carnaval, prohibido durante muchos años en nuestra ciudad. Sólo unos pocos audaces con José Aguilar, el inolvidable “Josito”, a la cabeza, se habían atrevido a desafiar la abolición. Por ello, al instituirse la figura de Mascarón de Carnaval para premiar a las personas más comprometidas con esta fiesta, Josito es el primero en hacerse acreedor al galardón. Poco después, en 1996, la distinción recae en Benito Ruiz, que desde el comienzo de la recuperación del carnaval se suma con entusiasmo a reivindicar la máscara callejera con sus inseparables amigos Francisco Ortiz, Balbino Aldomar, Laureano Estévez y Ángel Izquierdo. Durante muchos años este grupo sostuvo a pulso, con hilarante ingenio, la faceta más creativa y pícara del carnaval desenfadado y popular. De este núcleo surge la peña carnavalera “Raíces manchegas”, afortunada denominación para un colectivo que busca y encuentra el modo de recuperar las tradiciones más acendradas de la idiosincrasia manchega, los rasgos característicos de nuestra identidad regional.  
 
Para entonces, el entrañable Benito es una persona conocida de todos en el ambiente cultural y festivo de la ciudad. Fruto de esta circunstancia es el homenaje sorpresa que su familia y un grupo de amigos le brindan en 2003 en el programa “Tal como somos” dirigido por Teresa Viejo en Castilla- La Mancha Televisión. El programa está concebido rendir homenaje a una persona sin que lo sepa de antemano, llevándola al plató con alguna excusa. El pretexto fue la presentación de mi novela “Vías de agua”, pidiéndole al futuro homenajeado que me acompañara a Toledo para apoyarme. Una vez en los estudios de televisión, se sucedieron las apariciones por sorpresa de numerosas personas próximas con el objetivo compartido de mostrar al atónito agasajado su reconocimiento y cariño. Fue ocasión apropiada para que Benito mostrase sus sentimientos más enternecedores.
 
Inasequible al desaliento, nuestro personaje no cesaba en su propósito de contribuir al mantenimiento de las tradiciones locales. En este sentido, cada 23 de enero ofrecía gratuitamente bocadillos de chorizo a cuantos se acercaban a su carnicería en el mercado de abastos, donde, junto a los componentes de su Peña, trataba de revitalizar la tradición del Día del Chorizo, que no pasaba por sus mejores momentos. El broche de oro a esta iniciativa fue confabularse con el concejal de festejos Luis Miguel Ortiz para lograr el 23 de enero de 2010 el récord Guinness al chorizo más largo. Bajo un entoldado montado al efecto frente a la Concha de Música consiguieron un embutido de 1.018,40 metros que posteriormente degustaron miles de personas. Una vez más Benito daba que hablar, en esta ocasión ampliando el ámbito local a escala mundial.
 
Los méritos ciudadanos del impulsor de estas iniciativas le hicieron acreedor a una distinción de la más alta escala municipal: el nombramiento como Caballero de la Orden del Santo Voto en 2014, vinculado a la celebración de la más genuina y centenaria festividad de Puertollano. Con este reconocimiento se premia a las personas que han desarrollado una labor meritoria y sostenida en favor de la ciudad. La capa blanca que simboliza el nombramiento es un honor imprescriptible para los homenajeados.
 
Se aventuró en un ámbito desconocido cuando se empeñó en difundir las tradiciones locales y comarcales a través del programa de televisión “La mochila” emitido en el canal Imás Televisión. Ataviado con la chambra característica de tantas profesiones manchegas se lanzó, micrófono en ristre, por el Valle de Alcudia y zonas limítrofes para dar a conocer el paisaje y paisanaje de nuestro entorno. Suplía su falta de formación periodística con su natural curiosidad para indagar en los entresijos de los modos de vida más aferrados al terruño. En sus andanzas conoció a la familia Ferreiro, moradores de la Venta de la Inés en el corazón del Valle de Alcudia. Supo de sus tribulaciones a causa del terrateniente vecino, de su hospitalidad sin resquicio y de su hidalguía quijotesca. El cariño que demostró por Carmencita, la hija discapacitada de Felipe Ferreiro, se grabó de tal modo en ella que cuando supo del fallecimiento de Benito no dejaba de llorar. También influyó en el ánimo de Carmencita que los Reyes Magos visitaron la Venta para llevarle regalos el 5 de enero de 2017 y Benito encarnó a Melchor, el rey de barba blanca, mientras que Julián Ocaña -otro Mascarón de Carnaval- jugó el papel de Gaspar y Antonio Rodríguez -concejal durante muchos años- se puso en la piel negra de Baltasar.
 
Supuso un duro golpe para nuestro protagonista el fallecimiento de Paco Ortiz, su inseparable compañero de iniciativas y Mascarón de Carnaval de 1997, recogiendo el testigo precisamente del propio Benito, que, junto a su esposa, organizaron un homenaje que se materializó en febrero de 2019 en el Auditorio Municipal. Se sumaron al reconocimiento numerosos artistas y colectivos locales relacionados con la música y el carnaval que consiguieron abarrotar el patio de butacas del recinto. Benito y Paco habían fraguado una relación fraternal a prueba de cualquier contingencia de la vida. Los dos “chaches” eran uña y carne en cualquier episodio festivo o cotidiano.
 
Sería imperdonable pasar por alto el papel que Antonia, su esposa, desempeñó en cuantos proyectos superó con acierto. En pocas palabras, su complicidad y apoyo resultaron indispensables para llevarlos a buen puerto. Antonia dedicó multitud de horas en su domicilio a confeccionar el vestuario carnavalero de Benito y el suyo propio, ya que también fue distinguida con el título de Mascarona de Carnaval. Se mantuvo siempre en un discreto plano pero ejerciendo la esencial tarea de puntal que sostuvo el edificio multifacético de su marido.
Fue miembro de la Hermandad de Caballeros de la Virgen de Gracia, formando parte de la comitiva que flanqueaba la carroza de la Virgen en la procesión patronal del 8 de septiembre. Asimismo, en sus últimos años se integró en el Consejo del Centro de Mayores “Margarita Salas”, donde materializó numerosos proyectos relacionados con el calendario festivo. Nunca supo estar mano sobre mano, sino que la ponía a disposición de quien pudiera necesitarla.
 
Después de sintetizar sus incontables actividades, resta lo más valioso: describir los rasgos de su personalidad y carácter. Siempre fue un hombre de bien, con un elevado concepto de la amistad, que elevaba a la categoría más valiosa. Se ganaba a todo el mundo con su sencillez y su permanente sonrisa. Hablar con él suponía recibir una corriente de cordialidad, sentirse mejorado por la bondad de su actitud. Dulcificaba su ronca voz para dar a sus palabras la condición de caricia que favorece el trato humano. Las crónicas periodísticas que se hicieron eco de su muerte coincidieron en destacar que fue un hombre bueno, amigo de todo el mundo. Su calor humano siempre permanecerá en los que lo frecuentamos y nos enriquecimos con su amistad. 
 
La ceremonia de su despedida, ante la imagen de su querida Virgen de Gracia, fue una multitudinaria manifestación de duelo que llenó el templo de familiares y amigos. El silencio y recogimiento pusieron en evidencia el cariño que los asistentes le dispensaron en vida. Su hijo mayor sintetizó emocionadamente la trayectoria de su padre y su carácter bondadoso. La nostálgica música de acordeón y las voces del coro del Centro de Mayores pusieron broche de oro al adiós de una persona que deja profunda huella en sus amigos y en la ciudad a la que engrandeció mediante su entrega y respeto.
Eduardo Egido Sánchez