La estafa del amor

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Son las 22:07 del Miércoles, 17 de Julio del 2024.
La estafa del amor

 

Por Lourdes Carrascosa Bargados

 

Somos ciudadanos de España, el país de los pícaros, donde incluso tenemos un subgénero literario denominado novela picaresca.

Si tuviéramos que definir a un pícaro diríamos que es un pillo, listo, tramposo, desvergonzado, malicioso y de mal vivir. El más famoso nuestro Lazarillo de Tormes.

Timar, estafar, forma parte de lo que nos rodea desde tiempos inmemoriales y no es exclusivo de nuestra España, sino un mal mundial.

Ahora, con las nuevas tecnologías y costumbres, los nuevos pillos han establecido modos de aprovecharse de personas, que, en el caso que nos ocupa de la estafa del amor, están necesitadas de cariño, atención, afecto, aunque con un punto de interés.

La estafa suele comenzar con una persona que por redes sociales te pide amistad. Tienden a centrarse en mujeres con un determinado perfil: solteras, viudas o divorciadas, con una economía independiente, pero deseosas de encontrar de nuevo un “príncipe azul”.

Un hombre de buena presencia, con fotos en muchos casos de uniforme, en lugares bonitos, buenos coches y casas, flores, mascotas. Todo falso, pero montado para generar seguridad en la victima.

Lanzado el anzuelo, la mujer contacta por redes con él, que te cuenta una historia. Halaga su perfil, su aspecto físico si tiene fotos en redes, alabanzas a cualquier tipo de publicación que pueda ver de ella. Sigue el cuento. “Soy viudo. Amaba mucho a mi esposa, pero enfermó y la cuidé durante años, me siento muy solo, necesito en mi vida alguien con quién hablar, alguien dulce, que me comprenda, alguien COMO TU.

Y, paso a paso, el falso “príncipe” va tendiendo su tela de araña de mentiras, para cazar a su presa.

Detrás de estos “hombres maravillosos” hay una mafia que elabora perfectamente el tipo de varón del que puede enamorarse la víctima y va actuando en consecuencia con palabras, cartas, llamadas telefónicas, pequeños presentes, hasta que su presa se enamora y tiene ya plena confianza en “el ser extraordinario” que ha encontrado.

En este punto empieza la petición de dinero. Al principio con pequeñas pruebas de cantidades insignificantes, que a los pocos días son devueltas. Otra manera de generar seguridad y posteriormente pasar a la acción.

Ya solo necesita tirar del hilo con otra gran mentira y esa mujer, enamorada, confiada, puede poner en sus manos una importante cantidad de dinero y en algunos casos, perder todo su capital, todo dependerá del grado de manipulación y engaño que haya conseguido establecer con ella.

Aparentemente estamos advertidos, tanto por los medios de comunicación, como por los cuerpos responsables de nuestra seguridad, que alertan sobre este tipo de engaños, pero, pese a todo, sigue habiendo gente que cae.

Uno de los últimos casos de estas estafas del amor, terminó trágicamente con la vida de la enamorada y sus dos hermanos.

Todos pensamos que este tipo de cosas no nos pueden pasar. Pero, cuando una persona está necesitada de afecto, a veces es incapaz de ver la realidad que tiene y se deja ir.

La confianza en alguien se gana con el conocimiento de las personas, con tiempo y compartiendo experiencias.

Pese a vivir en una sociedad bastante individualista y cerrada en lo personal, con mucha gente de todas las edades quejándose de padecer soledad no buscada, por las redes sociales, perdemos los controles, bajamos la guardia y hacemos, decimos o publicamos cosas que pueden ser utilizadas para perjudicarnos.

La psicología, a lo largo de los tiempos nos ha permitido establecer una serie de mecanismos de defensa, que utilizamos en nuestra vida real, pero en las redes, todavía no tenemos suficientes alertas y podemos quedar en manos de grupos perfectamente organizados, carentes de todo valor moral, cuyo único objeto es obtener dinero.

No publicar fotos de nuestras casas, niños, objetos de valor. No dar información de cuentas bancarias, bienes, datos personales, forman parte de las indicaciones que debemos cumplir, pero que seguimos compartiendo.

Todas las advertencias son pocas y las consecuencias son graves, por lo que debemos estar alerta.