Recuperar la ilusión

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Son las 15:00 del Miércoles, 17 de Julio del 2024.
Recuperar la ilusión
Cuando yo era niña, los niños éramos solo niños, teníamos inocencia, creíamos en la magia y en la ilusión.
 
Tengo un recuerdo grabado en mi memoria que viene a mi cabeza en estas fechas. No tendría yo ni seis años,  pero con la ayuda de mis padres, había escrito mi carta a los Reyes, en uno de esos modelos con rayas marcadas, que llevaban el dibujo de los tres famosos Magos, montados en sus camellos, con su sobre con los bordes rojos y azules para mandar al correo.
 
El caso es que siendo la tarde del cinco de Enero, nadie había franqueado mi carta, ni echado al buzón, por lo que yo lloraba desconsoladamente pensando que los Reyes no iban a dejarme nada.
 
Era hora de ir a ver la cabalgata y mi madre, consolándome, guardó la carta doblada en el bolsillo de mi abrigo.
 
Vimos la cabalgata y al pasar Baltasar, mi favorito, busqué con la mano en el bolsillo para intentar darle la carta, pero había desaparecido.
 
Mi madre, con una sonrisa, me dijo que los Reyes eran mágicos y sabían los deseos de los niños, que mi carta ya estaba en sus manos y yo, desde ese instante, soy partidaria de la ilusión.
 
Ahora, ya mayor, no quiero perder ni un ápice de esas emociones que entonces aprendí.
 
Se que a ustedes, lectores, les podrá parecer una bobada que una señora de mi edad, diga que todavía cree en los Reyes Magos.
 
Pues si, permanece en mi esa costumbre aprendida de mis mayores de poner los zapatos la noche de Reyes y, aunque vivo sola, la magia de sus majestades hace que siempre llegue algo a mis zapatos.
 
No tengo nada en contra de ningún representante de la fantasía, pero si el concepto de que visite nuestra casa Papá Noel es para que puedan disfrutar más de los regalos, mi planteamiento es que también se van a cansar de ellos antes y en esto, como en otras cosas, prefiero celebrar nuestra fiesta de Reyes esperando que esa noche de nervios e ilusión cale en nuestros niños y niñas.
 
De todo se puede sacar una reflexión. La ilusión no aparece cuando tenemos demasiadas cosas, cuando hemos convertido una celebración en una competición para ver quién tiene más y mejor. Por lo tanto, sería bueno que los mayores se organicen bien con las peticiones de sus hijos, sobrinos o nietos.
 
Es un buen momento no solo para recibir, también para aprender a ser generosos, por lo que cuando tengan capacidad para ello,  deberíamos enseñarles a sorprender a sus padres, hermanos o abuelos con alguna sorpresa: una tarjeta, un dibujo, cualquier cosa, no todo tiene que ser material. Lo importante es ejercitar el compartir, gastar tiempo y esfuerzo para alegrar a otros. Enseñar solo a recibir lleva a hacer a los hijos egoístas.
 
Negar también es una buena medida para aprender. Hoy en día estamos acostumbrando a que las cosas se obtengan de manera inmediata por los niños, sin esfuerzo y con el pensamientos de que si les damos lo que piden, somos mejores padres y les hacemos más felices. Un principio bastante equivocado y que hace débiles a los menores, con poca capacidad para resistir las frustraciones que luego nos traerá la vida.
 
Es cierto que las generaciones anteriores tenían casi siempre el no como respuesta, pero pasar del no al si, es ir de extremo a extremo y ninguno de los extremos son positivos. Habrá cosas que se obtengan por gusto de los mayores para compensar, otras que se logren con esfuerzo y muchas que se nieguen, ya que a un hijo se le debe dar lo que necesite para crecer y desarrollarse, pero nunca todo lo que pida, incluso aunque los padres pudieran dárselo.
 
Compartir tiempo, he aquí uno de los mas bellos regalos que se pueden dar a los hijos, nietos, sobrinos e incluso a los mayores, que todos nos quejamos de cosas como que casi no nos vemos, que no tenemos tiempo de nada y que nos faltan huecos para disfrutar juntos.
 
En  estos días de celebraciones navideñas y muy especialmente en la festividad de los Reyes Magos, es un momento inmejorable para compartir con los nuestros momentos, experiencias, juegos, paseos o sencillamente conversaciones.
 
Dejen por unos días de lado sus obligaciones, sus teléfonos, sus agendas y prueben que no hay mejor manera de demostrar el amor a los nuestros que ayudarles a crear ilusión.
 
Estoy segura que todos disfrutarán y aprenderán a poder vivir con esas emociones la mayor parte de su vida.
 
Feliz 2024 para todos, para nuestra ciudad y que se cumplan sus sueños.
 
Lourdes Carrascosa Bargados
REDACCION LAVOZDEPUERTOLLANO