Primi Ortega, cantante

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Son las 16:50 del Miércoles, 18 de Julio del 2018.
Primi Ortega, cantante

Tenías que haber visto la iglesia, Primi. No recuerdo tanta gente en un sepelio. Abarrotado el interior y abarrotada la plaza de la Asunción. El rumor de la lluvia se escuchaba con nitidez y cuando alguien abría la puerta para intentar acceder al templo –cosa que impedía la aglomeración de la entrada- se veía un mar de paraguas en el exterior. Me vino a la memoria el poema de Rosalía de Castro “Era apacible el día” donde habla de la lluvia que cae mientras entierra a su niño. En fin, Primi, una multitud como la de tus grandes actuaciones. Seguro que de haber podido no hubieras desaprovechado la ocasión para echarte unas coplas ante tantos amigos como allí nos citamos para despedirte.

     Tú eras hombre de fe. Y las personas de fe, al final de su vida, llegan al destino en el que creen. Doy por hecho que al llegar habrás preguntado por dos cosas: por tus Vírgenes de Gracia y de los Santos, patronas de tus dos pueblos, Puertollano y Pozuelo de Calatrava, y por el escenario más próximo. Lo primero para presentarles tus respetos y decirles que ya estás con ellas para lo que se sirvan mandarte. A la Virgen de Gracia la has acompañado muchas veces en procesión como miembro de su Cofradía de Caballeros. Solemne, con tu mejor traje y con la medalla al cuello. Con el rostro iluminado por las velas de su carroza y  el fervor. Lo del escenario, porque no hay que perder las buenas costumbres ni la afición. Es de suponer que donde has llegado también se canta, acuérdate de la expresión “canta como los ángeles”. Pues eso, a seguir cantando, Primi, no esperes tanto como hiciste aquí para empezar.

     Porque aquí te hiciste de rogar. Creo que tu primera actuación cara al público fue a mediados de los ochenta, cuando ya rondabas los cuarenta añitos. Tuvo lugar en el salón de plenos del antiguo ayuntamiento en un festival de cantantes locales. Esa mañana me crucé con tu hermano Mariano y le pregunté si estabas listo para el acontecimiento; me respondió que cuando oíste tu nombre en el anuncio de la radio te revolotearon mariposas por el estómago. Todo salió bien y ya no paraste. Grabaste seis discos y se multiplicaron tus actuaciones en la ciudad, en la provincia y en toda la región. Lo llevabas en la sangre: las canciones, el flamenco y la música fueron tu gran pasión. Hasta convenciste a tu querido hermano para mantener un pequeño escenario cuando transformasteis el cine Córdoba en los multicines Ortega. Eras feliz componiendo  letras y músicas a los acordes del piano y la guitarra.

     En tus letras encontraron acomodo preferente tus dos irreprimibles amores: tu familia y tu tierra. De modo que el primer tema de tu primera grabación fue “Mi Puertollano” y el segundo “Mis tres rosas”. El pasodoble dedicado a nuestra ciudad te marcó para siempre y lo llevaste como bandera en tu papel de embajador por tantas geografías. Esta canción te mantendrá en el recuerdo de tus paisanos de modo imperecedero. E inmediatamente después de homenajear a la ciudad, rendiste culto a tus tres rosas: Chon, tu mujer, y Raquel y Esther, tus hijas. Se convirtieron en tus seguidoras incondicionales y tú tan orgulloso. Es feliz quien descubre el valor de su familia y tú supiste encontrarlo y disfrutar de su amor hasta el final. Por eso lo pregonaste a los cuatro vientos.

     Tu último trabajo discográfico, el compacto “Algo mío”, ratificó estas dos debilidades tuyas e incluiste tres temas dedicados a tus nietos: “A mi nieta Elena”, “Canción para Eduardo” y “Canción para Javier”, el hermano de Elena. El disco lo quisiste cerrar con el “Himno a Puertollano” un tema solemne con el que rindes tributo a la ciudad que te acogió y que hiciste tuya. Es posible que algún día logre carta de naturaleza y se convierta en el himno oficial del municipio. Creo que presentiste que esta sería tu última grabación y por este motivo quisiste en el penúltimo tema, titulado “Soy así”, dejar constancia de algo que para ti era tan imprescindible como respirar y lo expresaste en su letra: “Yo soy así y no dejaré de cantar mientras yo viva. Yo soy así y así seguiré dando mi alma, mi querer y mi cantar”. No se puede dar más, querido amigo.

     Por eso se te veía tan a gusto cantando. No escatimabas esfuerzos ni gastos a la hora de subir a un escenario. Te rodeabas del mejor arreglista musical, tu estimado Rafael Martínez, de las mejores bailaoras, de las bandas de música de la ciudad, de los mejores técnicos de sonido… todo se te hacía poco para mejorar tus actuaciones. Y tú, hecho un pincel, tu mejor traje, tus zapatos relucientes, recién afeitado, ni un cabello fuera de sitio. Era el modo de mostrar tu respeto al público, presentarle tu aspecto más atildado y la mejor disposición. Así fuiste sumando actuaciones y ganando aureola de cantante serio y entregado. Actuaciones en festejos populares por toda la región, en festivales de homenajes a cantantes (recuerdo el homenaje a uno de los patriarcas del cante local, el inolvidable José María Hernández, en 1993 en tu cine Córdoba) en actos benéficos para recaudar fondos en pro de buenas causas. Donde te reclamaban, te hacías presente. Y con cuánto celo preparaste tu despedida oficial de los escenarios. Echaste la casa por la ventana para decir adiós en el marco inigualable del Auditorio Municipal en 2012 acompañado por la Banda Municipal de Música, en un concierto que quedó grabado en la retina de cientos de espectadores: Primi Ortega en estado puro. Después, tuviste apariciones esporádicas, porque así matabas el gusanillo, en el teatro del colegio salesiano invitado por la Banda de Música de Puertollano. La última hace escasos meses interpretando “María la portuguesa”, creo que tu canción postrera sobre un escenario.

     Cómo no mencionar el pregón de la Feria de Mayo que pronunciaste en 2014. Qué ilusión te hizo. Con cuánto mimo lo preparaste. Pronunciar el pregón de feria en tu ciudad adoptiva es confirmarte como natural del lugar, hacerte hijo adoptivo. Tú lo interpretaste así y por eso te sentiste tan complacido. Manifestabas tus dudas porque, decías, no eras hombre de letras. Pero saliste airoso del trance y, más aún, aportaste el final de pregón más apoteósico que he presenciado nunca, cantando tu tema amuleto “Mi Puertollano”, que fue jaleado con ganas, y rematando con un emotivo fandango. Así que tuviste motivos sobrados para sentirte feliz y satisfecho con tu pregón.

     Bueno, Primi, te dejo porque te supongo atareado buscando acomodo en tu nuevo sitio. Tienes que saber que mucha gente nos sentimos  entristecidos por tu partida. Séneca despedía las epístolas dirigidas a su amigo Lucilio con la frase “Consérvate bueno”. No cabe imaginar mejor despedida porque con ella se reconoce la bondad del destinatario y se desea que no cambie. Tú has sido bueno en tu vida y ya no tienes la posibilidad de cambiar. Ese consuelo nos queda. Un abrazo y hasta siempre.

Eduardo Egido Sánchez

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